En 2025, la industria de transporte de carga estadounidense se enfrentó a un endurecimiento notable del control sobre el cumplimiento de normas existentes desde hace mucho tiempo. No se trata de nuevas leyes, sino de una aplicación más estricta de los requisitos de conocimiento del inglés para conductores comerciales, normas que formalmente han estado vigentes durante décadas.
El motivo de un amplio debate fueron los datos que indican que cientos, y según algunas estimaciones, más de mil conductores fueron temporalmente retirados de servicio tras inspecciones en carretera. El contexto y la reacción del mercado fueron detallados por la publicación del sector FreightWaves.
Según las normas federales, un conductor de transporte comercial debe ser capaz de leer y entender las señales de tráfico, así como comunicarse en inglés en un nivel suficiente para realizar su trabajo de manera segura. Este requisito está establecido en la normativa 49 CFR §391.11, que regula los estándares mínimos de calificación para conductores en transporte interestatal.
La redacción de la ley es bastante específica: el conductor debe ser capaz de «leer y hablar en inglés para entender las señales de tráfico y señales, responder a solicitudes oficiales y hacer anotaciones en los informes». Hasta hace poco, en la práctica, los inspectores a menudo se limitaban a una verificación formal de documentos, sin prestar especial atención a las habilidades lingüísticas.
Según FreightWaves, en 2025 las autoridades federales y regionales comenzaron a aplicar estas normas de manera más estricta, incluyendo la realización de pruebas orales directamente durante las inspecciones en carretera. Si un conductor no puede responder con confianza a las preguntas del inspector o demostrar comprensión de las instrucciones en inglés, puede ser declarado «fuera de servicio» — temporalmente suspendido del trabajo.
Uno de los representantes del sector, citado por FreightWaves, describió la situación así: «Hemos estado diciendo durante años que el problema no es el idioma en sí, sino el uso sistemático de mano de obra barata y documentos falsos. Ahora las consecuencias son visibles para todos».
En el centro de la discusión no solo está la seguridad, sino también la economía. Algunos propietarios de flotas afirman que el control débil en años anteriores fomentó la proliferación de esquemas con CDL dudosos o inválidos, así como la contratación de conductores que aceptaban trabajar por tarifas por debajo del mercado. Esto, según ellos, distorsionaba la competencia y presionaba las tarifas.
Mientras tanto, otros participantes del mercado señalan que el endurecimiento de las inspecciones podría llevar a una reducción a corto plazo de la capacidad disponible y al aumento de tarifas, especialmente si un número significativo de conductores no pasa las inspecciones.
Los reguladores enfatizan que se trata principalmente de seguridad. Representantes de las agencias de transporte en comentarios a los medios en 2025 señalaron que un conductor que no puede entender una señal de tráfico o las indicaciones de un policía representa un riesgo tanto para sí mismo como para otros usuarios de la vía. Desde su punto de vista, la aplicación de las normas existentes es un «retorno a los estándares básicos», no una medida discriminatoria.
Para transportistas y conductores, las consecuencias pueden ser diversas:
- las empresas comienzan a realizar inspecciones internas y capacitación con más frecuencia;
- aumenta la atención a la legitimidad de los CDL y al proceso de obtención de los mismos;
- el mercado observa atentamente si la reducción de la oferta llevará al aumento de las tarifas de flete.
Una cosa es clara: el tema del conocimiento del inglés ha dejado de ser una formalidad y se ha convertido en un factor que realmente puede influir en el equilibrio de poder en la industria de camiones estadounidense. En los próximos meses se aclarará si la actual ola de inspecciones es una campaña única o el comienzo de un cambio a largo plazo en las reglas del juego.

